Balders superpone tu última foto de cada zona sobre la cámara en vivo, para que la siguiente quede en el mismo punto exacto — luz, ángulo y distancia incluidos.
Alineadas de verdad. Mismo encuadre, mismo tamaño, listas para comparar.
De pie en el baño con luz cenital. Sentado en el sofá con la lámpara al lado. Con el brazo más o menos estirado, un día más cerca y otro más lejos. Cada foto de tu progreso queda en un punto distinto, así que compararlas de verdad es casi imposible — y esa duda, «¿de verdad se nota algo?», es la que más ansiedad genera durante la recuperación.
Frontal, perfiles, coronilla o zona donante — los 5 ángulos que de verdad importan para seguir un trasplante.
Un contorno en pantalla te indica dónde debe quedar tu cabeza, tengas o no práctica sacándote fotos.
Si ya tienes una foto de esa zona, aparece semitransparente sobre la cámara en vivo — encuadra igual, sin memoria ni reglas de tres.
Temporizador automático en coronilla y zona donante — los dos ángulos que nadie encuadra solo sujetando el teléfono.
La silueta punteada marca dónde va tu cabeza. Si ya tienes una foto anterior de esa zona, se superpone al 20% de opacidad — muévete hasta que coincida con el contorno y dispara. La cámara se comporta como la de tu móvil: nada nuevo que aprender.
No es solo encuadrar bonito: cada zona cuenta algo distinto sobre tu recuperación.
La línea de implantación y la densidad frontal, de un vistazo.
Cómo evoluciona la entrada de ese lado, mes a mes.
Lo mismo, del otro lado — las dos entradas no siempre avanzan igual.
La zona que menos te ves tú mismo — y la que más cambia.
Shock loss y recuperación de la nuca, crítico en los primeros meses.
Si tienes una clínica vinculada, cada foto que subes con el asistente aparece organizada por zona y por mes en su panel — así puede detectar antes cualquier cosa que necesite atención, sin esperar a tu próxima cita.